Arrollador sonido de los de quedarse de piedra y, después, caerse de espaldas

Todavía hay quien saca el rasero de medir la capacidad de un grupo según lo novedoso de su propuesta. Estamos de acuerdo en que es un factor importantísimo a tener en cuenta, algo que nos dice si nos encontramos ante un fenómeno más del montón o ante un proyecto de los que, de alguna manera, se hará su hueco en eso llamado “historia de la música”. Bien, las cosas como son: no siempre se puede descubrir cosas nuevas, cada día son menores los campos a explorar, y, sí, señores, también menor nuestra capacidad para asimilarlos cuando eso pasa, aunque parezca mentira. Con la excusa de que todo está ya inventado, muchas veces somos nulos a la hora de darnos cuenta de cuándo algo está siendo innovador, sobre todo porque resulta demasiado goloso recurrir a muletillas como “me recuerdan a” , “son los nuevos no sé quién” o peor: “esto ya lo hizo no se cuantos”.

Pero a lo que vamos, que innovar no es solamente sacarse un efecto de la manga, mezclar dos géneros aparentemente opuestos, o crear uno nuevo. Innovar también es darle una capa de barniz a elementos supuestamente caídos en el olvido o injustamente arrinconados. Y esa especie de intense-kraut que se gastan Lüger poco tiene que envidiar a mucha gente con la que se les compara. Y mucho menos en directo. Qué temas tocaron o no casi que da igual. Si suben más la intensidad de sus percusiones, casi ancestrales, el techo de la Sala Sol se hubiera resquebrajado (juraría haber visto alguna grieta no-familiar cuando salía de allí), y si ponen más intensidad en su post-rock de pinceladas industriales es posible que más de uno entrase en trance. Es posible que no hayan inventado nada nuevo, no le voy a quitar la razón a quién lo diga. Pero que lo que hacen es sobresaliente tampoco me lo podrán negar. Y si hacer algo brillante no es innovador o digno de mención… pues entonces es que sí que no me entero de nada, nada.

Fotos: Markus Rico