“EN ESTOS AÑOS HE LLEGADO A PENSAR QUE TENDRÍA QUE ABANDONAR LA MÚSICA”

Aaron Thomas es un tío con redaños. No le basta con haber nacido en Australia, vivir en España y dedicarse a la música. Culmina su salto mortal presentando su tercer disco, “The Blues and Greens” (Everlasting Records) en su línea de cantautor folkie, vertiente optimista. Después de una década en nuestro país se ha ganado una pequeña cohorte de seguidores y un cierto nombre en el indie nacional, aunque siempre se nota la incomodidad de los críticos para ubicarle. Pero no cabe duda que este modo arriesgado de vivir la vida tiene sus riesgos y por lo que parece, Thomas los ha experimentado a fondo. Algo de esto nos ha confesado en su esmerado castellano cuando charlábamos con él.

Tres años desde “Made of Wood”, ¿qué ha pasado en todo este tiempo? Nada. Todo. Muchos conciertos, viajes, proyectos. Principalmente he estado viviendo todo este tiempo, sobreviviendo, y a veces pensando que no iba a tener más oportunidades con la música. Hice la banda sonora para una peli. Eso ha sido una revelación. Quiero seguir haciendo cosas así, me gustaría poder meterme más en el mundo musical, no solo como cantautor si no también como compositor. La música instrumental me fascina un montón y quiero aprender y crecer, expresarme más con todas las armas musicales que tengo.


¿Ese periodo ha servido para trabajar más cada tema, la producción, etc? ¿Cuáles han sido las diferencias esenciales con las grabaciones anteriores? Supongo que sí, aunque nunca pensaba en objetivos cuando estaba componiendo estas canciones. Fue un proceso más natural y más honesto. Casi todos los temas del disco salieron a su manera y a su tiempo, de una forma muy natural. No pensaba en las canciones como un producto, si no más como un vehículo para expresarme. No quiero decir que estuviera rodeado de velas, solo con la guitarra, llorando y cantando como un animal moribundo, pero fue un proceso, cómo decirlo, crudo y desnudo. Hablando de la grabación, fue totalmente distinto a los anteriores. Esta vez tenía que asumir la responsabilidad del disco, de los arreglos y de la instrumentación. En el principio, esto me puso bastante nervioso pero al final me di cuenta que era una oportunidad de crecer y de hacer un disco como yo quería hacerlo. He podido ser el perfeccionista que soy y también ver cuál eran mis debilidades y limitaciones durante los anteriores discos con el objetivo de corregirlos. Era imprescindible no arrepentirme nada y no echar la culpa a nadie. Tampoco quería ser responsable para un disco mal hecho. Por eso me puse las pilas e intente hacerlo bien. Fue bastante tranquilo esta vez y por primera vez no perdí los nervios. Es una cosa que me tomo muy en serio. Me cuesta no controlarlo todo para evitar entrar en pánico. Durante los dos trabajos anteriores, tanto Julio como Valgeir tuvieron que soportar momentos intensos conmigo.


En algunas canciones de “The Blues And Greens” hay instrumentaciones más ricas y melodías más optimistas, más Matthew Sweet que Fleet Foxes, por poner ejemplos. ¿Es una actitud que hace falta para enfrentarse hoy en día a audiencias, industria y sociedad en general? Puede ser. Es una actitud para enfrentarme a mi situación personal. Desde el último disco ha pasado mucho tiempo y han pasado muchas cosas, cosas que me han afectado bastante. En este periodo creo que he conseguido cambiar mi mentalidad, mi forma de ver las cosas y la vida en general. Ahora no me interesa el egoísmo ni la quejas, aunque los cantautores somos bastante egocéntricos por naturaleza. Solo intento salir de la oscuridad donde vivía antes. Ahora me interesa más mi evolución musical y la expresión de las cosas buenas en mi vida, no solo las malas. Es importante que salga la música de un sitio puro, la creatividad necesita luz. He dejado de pensar en la repercusión, en la escena, en la popularidad, en todas esas tonterías y disfrutar la música. Hoy en día es muy difícil vivir tus pasiones y es importante reconocer tus motivaciones por crear. Si realmente se ve el arte como una cosa necesaria, es importante que tus perspectivas sean realistas y tus motivaciones e intenciones, puras. Si no, te vas a encontrar con muchas decepciones. Tenemos que mantener la música viva y no dejar que las presiones económicas y sociales la condicionen.

¿Quién te ha rodeado en esta grabación y cuál ha sido su influencia en el resultado final? Pues, muchas personas y pocas a la vez. A veces no eres consciente de la influencia de las personas, pero en este disco había alguien más involucrado que los demás en el proceso. Es un músico australiano que se llama Bernard Fanning, uno de los más famosos de mi país. He tenido la suerte de poder recibir sus consejos y aprender de sus experiencias y sugerencias. También ha tocado en algunas canciones, pero incluso antes de su participación, me influyó por su música. Me ha enseñado a atacar a los temas con menos miedo, más generosidad. Fue una especie de mentor para mí. La presencia de Brian Hernández, el ingeniero del sonido, también fue una gran aportación para la grabación. Es un tipo tranquilo y sutil, que me permitió crecer, tomar riesgos y confiar en mí mismo. Es una persona modesta y sincera, que siempre era un buen ejemplo en el estudio. A pesar de estas influencias todavía veo este disco, más que a los anteriores, como un proyecto bastante personal, que era la idea desde el principio. Quería hacerlo a mi manera, demostrarme a mí mismo y a mis críticos imaginarios que era capaz como músico y productor.

¿Y ahora? ¿Cómo se plantean los conciertos para presentar “The Blues And Greens” en directo?
Con un formato completamente distinto a los giras anteriores. Ahora tengo la suerte de estar tocando con Marcus Doo, que toca el banjo, la guitarra, percusión y hace coros; Xisco Rojo, acordeón, bajo, guitarra y coros y Fabrice Gamon, batería y percusión. Durante el concierto habrá muchas voces y cambios de instrumentos. La idea es hacer conciertos dinámicos, con mucha fuerza y sutileza al mismo tiempo. Lo importante para mí es intensidad, tanto en los temas cañeros como en los más íntimos.


Nueve años ya en España. ¿Qué ha aportado nuestro país a tu sonido y a tu vida?
La oportunidad de tener otra perspectiva. También es un desafío constante. Aquí todos mis instintos anglosajones están en cuestión. Creo que aquí tengo la posibilidad de aprender de mis frustraciones, de las situaciones difíciles, y convertirme en una persona más completa. Es difícil, pero cambiar siempre es difícil. Lo importante es sacar lo bueno de cada oportunidad, algo que no hago a menudo. He podido conocer otra forma de vida y la verdad es que me gusta. Me gusta la gente directa y honesta. Me gusta la vida que hay aquí, aunque con la crisis veo el país un poco deshinchado. No sé en qué sentido vivir en España ha afectado a mi sonido, pero cada músico que conozco, cada colaboración, es una influencia. A veces tengo la sensación de ser un pez fuera del agua, y eso es una motivación, algo que siempre me inspira para componer. La necesidad de conectar con algo que tiene sentido, con la voz que me habla en el idioma que entiendo perfectamente, también es una inspiración. Me paso el día hablando en castellano y me siento algo limitado, así que, cuando tengo tiempo para componer, siempre hay algo que quiero decir, a un nivel que no puedo lograr en castellano. 



¿En qué crees que te beneficia y te perjudica ser un elemento extraño? Queremos decir, un músico “casi” español que canta en inglés y tiene un estilo bastante anglosajón. Ufff. ¿Lo bueno? No sé, igual tener más facilidad con un idioma tan de moda en la música pop, folk ahora. Lo malo es que la mayoría no sabe la diferencia entre una buena letra y una mala. Es una sensación complicada cuando tus letras están muy trabajadas pero no llegan al público por la barrera del idioma. Por esto he tenido que trabajar más lo que transmito en el escenario, las melodías y las estructuras de los temas.

¿Te atreverás a grabar algún tema en castellano? Me encantaría, pero no voy a atreverme componer en castellano. La letra de una canción es algo sagrado para mí. No canto del cielo y los colores del río. Canto de cosas que me importan bastante y la verdad es que estas cosas piden, para poder expresarlas, un conocimiento del idioma profundo, un conocimiento que aún no tengo. Sigo diciendo que me gustaría colaborar con otro músico para poder al menos cantar algo en castellano. Sería guay, pero por el momento no ha pasado.

¿Piensas que tu música encaja bien y ha podido influir en propuestas nacionales, como Vetusta Morla o Russian Red? Sí. Veo un sitio para mí, veo sitio para todos. No sé si he podido influir a alguien, no lo creo. A veces me siento muy metido en la escena de aquí y a veces muy fuera. Me encantaría sentirme aceptado realmente por los músicos españoles, pero a veces tengo la sensación de que no soy muy bien entendido. Tengo mi propia visión y mi manera de alcanzarla. Aquí es súper importante ser una persona que sabe hacer amigos, contactos, y ser sociable. Eso es algo que no se me da muy bien. Igual es por el idioma, o por ser de una cultura distinta. Quién sabe, pero es algo que sigo intentando resolver. Dicho esto, he podido colaborar con artistas españoles y compartir el escenario con algunos de los grandes.

Ser músico y estar asentado en España seguro que te da una buena perspectiva de lo que significa vivir una crisis dentro de otra crisis, como la que sufre la industria musical dentro de la crisis general. ¿Cómo percibes tú este fenómeno? ¿Cómo crees que afectará todo esto al hecho de grabar, producir y consumir música? Todo está cambiando, mucho, y a una velocidad que me da un poco de miedo. Soy una especie de dinosaurio, alguien al que le siguen gustando los libros y albúmenes de vinilo. El universo digital es algo que no entiendo muy bien. El mundo está transformándose, tanto el pequeño que habito, como el grande en que vivimos todos. También este país ha cambiado mucho desde que llegué aquí hace casi una década. No es tan light y divertido, ha entrado un momento de pánico y se nota la presión económica en casi todos los sitios. ¿Hacia dónde va la música? No sé. ¿Quién va a sobrevivir estos cambios? No sé. Yo he decidido seguir haciendo lo que me hace feliz y buscar una manera para disfrutar la música todavía más. Yo soy un violinista a bordo del Titanic, tocando, sonriendo, mientras todo se hunde. Pero es cierto que tendremos que adaptarnos. Para aguantar estas transiciones debemos cambiar nuestros chips bastante. Será una batalla entre las mentalidades antiguas y nuevas. En Australia compran discos, pagan para ir a conciertos, al teatro. Ganan dinero todavía. Ahí la economía se mantiene en buen estado. Todavía no ha ganado el miedo ni la apatía. 
Sin embargo, creo que lo peor de la crisis es que la mentalidad negativa y vaga haya conseguido cambiar la forma de pensar de tantas personas, gente que tiene dinero para comprar un disco, para la entrada de un concierto, pero siguen comprando cafés, cenas, cervezas, zapatos, muchas cosas. Tenemos muchas cosas pero no tenemos tanta cultura. Una sociedad con cosas y sin cultura, no es una sociedad muy sana. Supongo que es culpa del capitalismo. Fundamentalmente tenemos que echar un buen vistazo a la estructura social que usamos. Igual, algo podríamos mejorar.

¿

Crees que el resurgir del folk de los últimos años se debe a que, en esta situación social, una guitarra vuelve a ser un arma en manos de jóvenes airados, como en los tiempos de Woody Guthrie? Es posible, pero la mayoría de las personas no habla de cosas sociales ni políticas. No veo ningún Woody Guthrie en estos tiempos. Estamos cantando del arco iris y del dolor personal. Necesitamos un Woody Guthrie en el parlamento, no en la escena folk. Es difícil comparar tiempos tan distintos, pero hoy no habrá alguien como Woody Guthrie no cambiaría nada, al menos no lo creo. Para tiempos distintos se necesita líderes y personas influyentes distintas. La escena folk actual no ha salido de la sociedad, como en el pasado. No ha aparecido por la necesidad de cambiar el mundo. Ha salido desde dentro de la industria musical, del mercado. Para muchos era una manera de volver a conectar con la música más orgánica y natural. De volver a conectar con la voz de una persona, de sus historias e inteligencia. Por eso me identifico más con la música acústica. Creo que el mensaje y la emoción están menos manipulados cuanto están cantados por una persona con una guitarra o piano.

¿Además de conciertos y promoción, ¿para qué más tendrás tiempo en los próximos meses? ¿Alguna otra colaboración con el cine a la vista? ¡Nada por el momento pero me gustaría! Quiero meterme mucho en este mundo de la música instrumental. Algo sucede cuando una imagen conecta con una obra musical. Es una unión que pueda lograr algo que por separado no pueden. Aparte de la gira y otras cosas conectadas al disco, voy a irme a Australia un par de semanas para visitar la familia. Y quizás componer un poco también.

GIRA AARON THOMAS
8 Marzo, Valencia, WahWah 
+ 9 Marzo, Barcelona, Sidecar
 + 15 Marzo, Zaragoza, La Lata De Bombillas + 16 Marzo, Pamplona, Sala Zero2 Live (Ozone)
 + 23 Mayo, Santiago de Compostela, Zona C
 + 24 Mayo, Pontevedra, Sala Karma