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Die Antwoord, The Who, Neil Young, The Prodigy y Jane’s Addiction se alzan como los estandartes de esta primera edición del macro festival madrileño

Un estreno el de este Mad Cool por todo lo alto, vestido de gala y con los zapatos puestos desde el principio hasta el final. La nueva cita festivalera descargaba toda su artillería en un despliegue musical y técnico, como nunca antes se había visto en la capital para un evento de estas características. Toda una experiencia sensorial capitaneada por un line up de alta gama, abrillantada además con recursos visuales y detalles lúdicos que han contribuido a crear un espacio desde el que vivir la Música a través de todos los sentidos.

A lo largo de tres días y seis escenarios (dos principales en el exterior, tres en el interior de la Caja Mágica y un sexto más pequeño junto al Mercado del Diseño) hemos podido ir viendo pasar a emblemas de todos los tiempos como The Who o Neil Young, a la vez que sucumbíamos a los encantos de la innovación sónica con propuestas como las de Die Antwoord o Flume, mientras volvíamos a sobresaltarnos con los chispazos de Jane’s Addiction, The Prodigy o Garbage. Un cartel capaz de sortear la brecha generacional con acierto, reuniendo en un mismo espacio-tiempo a un público heterogéneo en edad, tendencia y hype. Protagonista de un festival de impacto y contrastes, a la luz de una noria vertiginosa y al amparo de un señor gigante y multicolor que, cada día, salía a saludar.

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Esta foto y foto inicio: Sara Morales

Mad Cool se ha convertido ya en ese encuentro ineludible para feligreses musicales venidos de todos los rincones del mundo. Y, a pesar de ser un recién nacido, le hemos visto hacerse mayor en tres días cosechando muchas más luces que sombras. Porque también las ha habido, claro; como todo aquello que echa a andar por primera vez. En su caso: largas colas y tiempos de espera, desorientación popular por la magnitud de la superficie, errores logísticos en los métodos de consumo a través del pago con pulsera que se subsanaron el segundo día… Pero nos guste o no, al fin y al cabo estos, aunque incómodos, son hechos inherentes a un festival. No lo son, sin embargo -y aquí sí que llega el tirón de orejas- los problemas de sonido sufridos en algunos conciertos.  Con todo y con eso, podemos decir que Mad Cool ha sido parido sano y fuerte ante la presencia de 102.647 asistentes entre todas las jornadas.  Siendo estos 16, 17 y 18 de Junio de 2016, los tres primeros días de una nueva era musical en Madrid.

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Foto: Vincent Urbani

JUEVES 16 DE JUNIO
De la supremacía de The Who a la victoria de The Kills

El primer día de Mad Cool, con una afluencia de 34.278 personas, comenzaba para nosotros frente al piano de cola de Tom Odell. El cantante y compositor de Chichester, llegaba a Madrid dispuesto a presentar su recién publicado segundo álbum, Wrong Crowd. Nuevos temas que sumar al joven pero prometedor repertorio de esta promesa del pop británico asentada ya en el firmamento internacional. Custodiado por dos baterías, un exótico set de bongos, una guitarra y un bajo, Odell alternaba con solidez las teclas y el micrófono de pie en un ejercicio antónimo. Ágil a la hora de llevarnos de la placidez instrumental a la envergadura electrónica, continúa navegando por la influencia de los Arcade Fire más comedidos. Su nuevo trabajo destacó con la interpretación de “Concrete”,  “Still getting used to being on my own” y “Magnetised” aunque, como era de esperar fueron “I know” y, por supuesto, “Another love” -ambas de su debut en 2013- las estrellas de su cita con Madrid.

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The Kills. Foto: Vincent Urbani

The Kills fue la siguiente parada. Desde el momento en que el dúo post punk confirmó su presencia en Mad Cool, este fue, sin duda, uno de los conciertos “secundarios” más esperado; y no defraudaron. Digo “secundario” no por falta de valía, sino por haber sido desterrado a uno de los escenarios interiores cuando -y lo afirmo con rotundidad- merecían un tablao de mayores dimensiones, acorde con la feroz propuesta que se traen entre manos, y a juzgar por la cantidad de público que se quedó fuera sin poder acceder (los escenarios de interior contaban con aforo limitado). 

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The Kills. Foto: Vincent Urbani

Perturbadores, amantes de la oscuridad y diestros de las guitarras densas y demoledoras, querían mostrarnos su nueva obra, Ash & Ice; un quinto disco con el que asientan definitivamente sus raíces dark cargadas de electricidad. Aunque este fue el protagonista de la velada con el desfile de temas como “Heart of a dog”, “Hard habit to break” o la potentísima “Siberian nights”, decidieron abrir la noche con “No Wow” -de su disco de 2005- y cerrarla con “Pots and Pans” de 2011. Mientras tanto, todo un alarde de himnos como “Tape Song”, con una Alison Mosshart desenfrenada y salvaje que cogió la guitarra desde el segundo tema (“U.R.A. Fever”) para no soltarla ya, acompañando a un conquistador llamado Jamie Hince.

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The Kills. Foto: Vincent Urbani

Y llegaron los mods! Uno de los reclamos irrevocables del festival, un reencuentro con la historia, con la leyenda de la British Invasion, con los dinosaurios del pop rock inglés que lo mismo se acercaron al blues que coquetearon con la psicodelia, en el más de medio siglo de carrera que llevan a cuestas: The Who.

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The Who. Foto: Sara Morales

Revestidos por el paso de los años, los fundadores Roger Daltrey (vocalista) y el terremoto Pete Townshend  (guitarra)se presentaron ante uno de los conciertos más concurridos del Mad Cool. Hacía nueve años que no se les veía por Madrid y, aunque ya no sorprenden con nuevas composiciones no importa demasiado, porque lo que hubo que demostrar ya lo hicieron con creces en su día. Basta con empezar a desenfundar himno tras himno, y así fue. Comenzaron los ingleses por todo lo alto con “I can’t explain”, encargada de dar el pistoletazo de salida a toda su melómana colección por la que circularon “Who are you”, “5:15” o “Pinball Wizard”.

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The Who: Foto Vincent Urbani

“My generation” no tardó en hacerse oír, algo desmejorada por los pliegues en la voz de Daltrey que, no nos engañemos, ya no es lo que era, pero que consiguió hacer saltar al público en un pulso compartido. El momento más emotivo llegó con “Behind Blue Eyes” y las visuales que la acompañaban con imágenes del venerado Keith Moon, batería original de la banda fallecido en 1978 por sobredosis. Con las míticas “Baba O’Riley” y “Won’t get fooled again” nos dijeron adiós, pero tampoco importó. Allí abajo acabábamos de asistir a un momento único que ya nos pertenece.

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Monarchy. Foto: Sara Morales

Ya era noche cerrada en el recinto del Mad Cool cuando comenzaron a sonar los sintes de Monarchy desde el escenario 3, en el interior de la Caja Mágica. El productor y Dj Andrew Armstrong, con antifaz pintado de negro, se afanaba detrás de sus teclados en asentar las minuciosas programaciones sobre las que se acomoda la voz de su compañero Ra Black, también a la guitarra. Este, ataviado de mimo galáctico con tintes horror en unas claras reminiscencias a Klaus Nomi, moldea las canciones de un pop electrónico elegante e hilado fino. Un repaso por sus dos álbumes publicados hasta la fecha, Around the Sun (2011) y Abnocto (2015), en el que destacaron “Black Widow” y “Dance like hell”.

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Monarchy. Foto: Vincent Urbani

Además, se marcaron un bastard pop con su tema “Phoenix Alive” enredado con retazos de Lana del Rey y alguna otra diva del momento, así como una cover del “Lithium” de Nirvana. Es pronto, hay sobresaturación en la escena, pero si siguen esta línea y se les presta la atención merecida, podríamos estar hablando de una nueva versión de los Kraftwerk del siglo XXI.

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Garbage. Foto: Sara Morales

Pasadas las 23.00h, regresamos a los noventa con una incandescente e inquieta Shirley Manson de pelo rosa. Un concierto el de Garbage en torno a sus grandes éxitos, los de siempre, los mismos con los que creció una generación. Poco importó que los escoceses acabaran de lanzar al mercado su nuevo disco, Strange Little Birds; ellos sabían lo que esperábamos y nos lo dieron. Pasaron de puntillas por la nueva publicación haciendo sonar solamente “Empty”, y se dedicaron a sacar del baúl de los recuerdos “I’m think I’m paranoid”, “Stupid girl” y “Vow”, entre otras tantas.

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Garbage: Fotos: Vincent Urbani

Con “Special” Shirley bajó del escenario para acercarse a  las primeras filas de su público que la recibió con histeria, mientras desde las últimas filas andaban sufriendo por los problemas con el sonido. Entre palabras de apoyo hacia el colectivo LGTB y el bombazo final de “Cherry Lips”, se convirtió en uno de los directos más empáticos de la jornada.

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The Strypes. Foto: Sara Morales

Palpitante rock and roll setentero con The Strypes, desde el pequeño escenario 5. La banda irlandesa formada en 2008, se pasea por los sonidos clásicos que van desde The Yardbirds hasta Chuck Berry, pero con la fuerza bruta de la juventud a su favor. Con su disco Snapshot, donde almacenan sus temas más aclamados, y su último Little Victories, lograron hacer de su momento en Mad Cool uno de los grandes descubrimientos del festival para muchos de los presentes, que terminaron comparándolos con los primeros The Strokes. Que hayan teloneado hace no tanto a los Arctic Monkeys ya les da un caché, pero es que, además, saben conquistar con sus propios métodos: “Get into it”, “Blue collar Jane”, “I don’t want to know” y “Scumbag city” son solo algunos de ellos.

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Django Django. Foto: Sara Morales

Siguiendo por los sonidos del norte de Europa llegamos hasta el Londres de Django Django, ubicado esta vez en el interior de la propia Caja Mágica, a cuyas puertas se concentraba una multitud de seguidores que no pudieron disfrutar del concierto por encontrarse este ya saturado. Los afortunados allí encerrados, presenciamos el eclipse solar que respaldaba a la banda audiovisualmente, mientras nos movíamos a ritmo de esa psicodelia poppy que llegaba a manos de su trabajo más reciente, Born Under Saturn. Con un viaje psicotrópico a través de los planetas, nos mostraron delicados y brillantes algunas de sus últimas creaciones. “Shake & Tremble” y “First light” fueron las más destacadas.

Vuelta al exterior. En la explanada principal del recinto, custodiada por los dos escenarios principales, nos esperaban en el segundo de ellos esos tipos de Birmingham que se dedican desde 2002 a rescatar el post punk de los setenta para reconvertirlo en actualidad, Editors. A pesar de mi devoción por Tom Smith y los suyos, tengo que reconocer que este no fue su mejor concierto. No fue culpa  del sonido esta vez; y ellos, desde allí arriba, se mostraron entregados como acostumbran. A Smith, vehemente como siempre, se le vio enarbolado en un contagioso juego de flashes propio de la vertiente electrónica e industrial que trabajan desde su último disco, In Dream. Todo salió perfecto:  actitud, niveles técnicos, voz, presencia, clamor desde la pista… Incluso nos trajeron una nueva canción: “The Pulse”. Lo que ocurrió es que se dejaron por el camino algunas de sus piedras más preciosas. No sonó “Blood”, ni “Orange Crush”, ni “All Sparks, ni siquiera “And end has a start”. Aunque recalaron, como es obvio, en los temas de su último disco sonando poderosas “In harm”  -con la que arrancaron- o “Forgiveness”, también pudimos disfrutar de las míticas “Munich”, “Smokers outside the hospital doors” y la efectiva “Papillon”. Pero convertir una de sus habituales explosiones en directo, como es “The racing rats”, en un pasaje sentado al piano fue, aunque bonito, un claro error. Nos han regalado noches mejores, como la del noviembre pasado en La Riviera sin ir más lejos; pero bueno, se les perdona.

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Digitalism. Foto: Vincent Urbani

Sobre la 1:50h de la noche, y antes de irnos a dormir, una visita al inusual espectro de Digitalism. El dúo alemán, padre de atmósferas demoledoras perfectas para no encarrilar el sueño en horas, vertieron sobre los últimos minutos del primer día de Mad Cool, todo su potencial en un digno legado de Daft Punk. “Pogo”, “Zdarlight”, “Second Chance” y varios temas y remixes de su último trabajo, “Mirage” publicado el mes pasado, fueron suficientes para darnos la las buenas noches.

VIERNES 17 DE JUNIO
La espectacularidad de Jane’s Addiction y The Prodigy, más la demente locura de Die Antwoord

Curiosamente, el día más bestia -musicalmente hablando- del Mad Cool, lo iniciamos con la dulzura de Kings of Convenience. Había que reservarse para lo que aún estaba por llegar.
El folk nórdico del dúo de Bergen fue todo un bálsamo de paz y armonía, alterado solo por los sonidos sinuosos de dos guitarras cómplices y el murmullo del público. En algún momento, Erlend Øye le pidió palmas a este para que los acompañara en la interpretación de algunos temas de su nuevo disco, Riot on Empty Street; imagino que en un intento frustrado de integración en el concierto. El tracklist de su anterior álbum, Declaration of Independence, también ocupó un lugar preferente, y con “Toxic girl” creímos tener delante una vez más a Simon & Garfunkel. Acústico preciosista y delicado, que no se supo apreciar como merecía.

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Kings of Convenience. Foto: Sara Morales

Nada como ver caer la tarde desde el césped artificial del Mad Cool, con el sonido de Temples poniendo música al momento. Como asistiendo a una de esas fiestas lisérgicas de los sesenta en San Francisco, pero sin salir del barrio de San Fermín en Madrid. La banda inglesa, liderada por el cantante y guitarrista James Edward Bagshaw, no era la primera vez que pisaba suelo español, pero con este concierto han constatado rotundamente que aquí ya se les quiere. Con tan solo un álbum de estudio, Sun Structures (2014), dos EP’s y varios singles encabezan la nueva ola de la psicodelia happy-pop del momento. Con arranques algo más rockeros, pero sin salirse del tiesto demasiado, hicieron sonar acertados y frondosos canciones como “Colours to life”, “Mesmerise”, “A question isn’t answered” y “Shelter song” con la que pusieron el broche de oro.

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Temples. Foto: Sara Morales

Hacía un rato que habían comenzado los preparativos para recibir a Jane’s Addiction en el escenario contiguo, el 1, el digno espacio de los más grandes. Sabíamos que el espectáculo vendría servido por Perry Farrell en cubertería de plata y a lo grande. Pero no ocurrió del todo así. A medio camino entre el cabaret punk y el rock noventero de los que fueron dueños en aquella antesala del grunge con guiños al metal, aparecieron en escena para traer al presente su legendario Ritual de lo Habitual, de 1990. Vestido de blanco y con sombrero, Farrel dio vida a una performance provocadora, acompañado del tintado guitarrista Dave Navarro y unas bailarinas a modo de strippers con las que se marcó jueguecitos y bailes sexys que llegaron a herir la sensibilidad de un sector del público. En ningún momento fue para tanto, pura provocación y teatralidad; quizás trasnochada y casposa vale, pero eso es todo. Para otros, puede que incluso fuera esta puesta en escena tan descaradamente llamativa, junto al bajo de Chris Chaney y los riffs de Navarro, los que salvaran en parte el paso de Jane’s Addiction por el festival. Porque, a pesar de que nos entregamos a los hits de aquel disco, de que nos sorprendieron con una versión del “Rebel rebel” de Bowie y de que incluyeran las pretéritas “Mountain song” y “Jane says” en el repertorio, lo cierto es que su directo fue, lamentablemente, el que más errores de sonido acumuló. El micro principal chirriante en unas ocasiones y casi mudo en otras, deslució el que prometía ser uno de los grandes momentos del Mad Cool. Aún así, los acérrimos es cierto que supieron gozarlo.

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Jane’s Addiction. Foto: Sara Morales

Y como en la variedad está el gusto, tras la explosión  a medias de los californianos y sin abandonar los escenarios al aire libre, nos dirigimos a contemplar a Band of Horses. Enseguida tomaron posiciones y posesión de un ambiente que los anduvo esperando todo el día para recibir la dosis de ese folk rock que los sitúa en la cabecera del “indie” mundial. Con “Cigarettes, wedding bands” dieron comienzo a uno de los directos más aclamado y concurrido en esta primera edición del Mad Cool, para cerrarlo con “The general specific” a la que precedió la ya inmortal y muy ovacionada “The funeral”. Los de Seattle no arriesgan en demasía sobre las tablas, mantienen la épica de su latido sureño y la voz de Ben Bridwell se muestra fiel al estudio. Su fórmula habitual les funciona y se dedicaron a practicarla con premeditación. Guitarras envolventes para “Laredo”, ritmos adhesivos con “Casual Party”, ensoñación en “Is there a ghost” y una sonrisa permanente con la que comulgar, una vez más, con su masivo público.

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Band of Horses. Foto: Sara Morales

El que se preveía como uno de los conciertos más excitante y abrasivo de todo el Mad Cool, cumplió con la expectativas. The Prodigy, no solo concentraba a los pies del escenario principal al grueso del público asistente el viernes (32.896 personas), sino también a las rigurosas medidas de seguridad que se preparaban para hacer frente al que presumía con desatar la locura colectiva. Y como era de esperar, ocurrió.

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The Prodigy. Foto: Sara Morales

El trío inglés aparecía sobre un escenario a oscuras ante los gritos de una masa ya caldeada desde las primeras horas del día. Micrófonos fluorescentes, focos epilépticos, estallido de altavoces y guerra desmedida a base de un techno punk frenético e imparable que les funciona sin rechistar desde hace ya casi tres décadas. Realmente no ofrecieron nada nuevo, pero sirvió. “Breathe” fue el primer disparo, “Firestarter” el segundo, le siguieron “Omen”, “Nasty” y, por supuesto, “Voodoo people”.  Energía alimentada de euforia, puro músculo combativo e incandescente y un lenguaje propio enmarañado por Keith Flint y Maxim Reality que sacaron a relucir, una vez más, el animal que llevan dentro. Para terminar el cartucho, “Smack my birch up”, “Take me to the hospital” y “Out of space”.

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The Prodigy. Foto: Sara Morales

Y cuando todo parecía haber sido devastado tras el ciclón The Prodigy, aparecieron ellos para demostrarnos que no, que en realidad el espectáculo no había hecho más que empezar. Die Antwoord. El que, a mi juicio y el de los que llegamos hasta esas horas del viernes, ha sido el mejor concierto de los tres días de Mad Cool. Convirtieron la explanada del recinto en una brutal rave crew ya entrada la madrugada, al tiempo que las proyecciones iniciales nos conducían hasta un laberíntico estado de terror, asombro y expectación. Sonando la dramática “Carmina Burana” a todo volumen, y tras la aparición de un encapuchado que alteró todavía más el ambiente, aparecieron las dos fieras vestidos con monos naranjas: Ninja y Yolandi Visser.

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Die Antwoord. Foto: Vincent Urbani

Irreverentes, provocadores innatos, destructivos, pero por todo ello altamente adictivos, desplegaron uno de los setlist más extenso del festival (sin contar el que nos esperaba al día siguiente con Neil Young). Una veintena de temas, entre los que no faltaron “Fatty fatty boom”, “Girl I want 2 eat U”, “Beat boy”, “Happy go sucky fucky”, “Pitbull Terrier” y el gran hit con el que un día estos sudafricanos nos conquistaron a todos, “I fink U Freeky”, que sonó en el último tramo del concierto. Para “Banana Brain” soltaron sus monos industriales y mutaron en un pikachu y una osita rosa que no hicieron más que aumentar el fuego subversivo que crearon desde allí arriba, para trasladarlo en un gamberrismo frenético a todos los que desde abajo alucinábamos con el asunto.

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Die Antwoord. Foto: Vincent Urbani

El Dj Hi-Tek, desde atrás a los platos y enfundado por momentos en una máscara desfigurada, remataba cada uno de los temas que concluyeron con “Enter the Ninja”. Un show de alto voltaje, delirante e impresionante. Digno de ser contemplado, con ese Ninja sobrehumano que comenzó tirándose al público y pareció odiarnos a todos durante todo el concierto, y esa dulce e inquieta Yolandi extraída de un cuento de Allan Poe, pero a ritmo de hip hop electrónico extremo y con uñas.

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Die Antwoord. Foto: Sara Morales

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Die Antwoord. Fotos: Vincent Urbani

SÁBADO 18 DE JUNIO
Eterno Neil Young ante la urgencia de Biffy Clyro y el impacto de Flume

Antes de dar paso al otro gran reclamo de cabecera del festival -Neil Young- nos dejamos caer por la cita con John Grant. Ese tipo pelín excéntrico que lideró The Czars y que ahora camina en solitario con un pop electrónico que comenzó extraño y ahora se torna bailable. Vino a mostrarnos su reciente Grey Tickles Black Pressure. Un muro de sonido para el que se basta consigo mismo, en unos bailes imposibles que hablan del dolor, la ternura y la autodestrucción. Alternando su teclado, por momentos defectuoso, con incursiones en el castellano que nos incitaban al dinamismo, se pudo disfrutar de un concierto correcto aunque breve.

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John Grant. Foto: Vincent Urbani

El incontestable de Canadá. El mismo que ha contribuido a dar forma a la música del último siglo, superviviente del tiempo con dignidad y en plena forma para currarse un concierto de dos horas para gloria de sus innumerables seguidores.Con una puesta en escena rústica, propia de la esencia americana que ronda su sonido y rodeado por macetas de margaritas, dos pianos, un tótem y multitud de instrumentos se plantó Neil Young ante el Mad Cool. Sí, buena parte de los 35.473 asistentes de la jornada había venido a verle a él.

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Neil Young. Foto: Sara Morales

A través de sus desgastadas guitarras, su fiel armónica y una voz que demuestra no ser frágil a pesar de los años, fue desentramando uno a uno los himnos generacionales que el mundo espera y celebra con él. Los casi veinte minutos ininterrumpidos de “Down by the river”, unidos a “Mansion on the hill” y “Like a Huricane”, configuraron uno de los momentos álgidos de su directo. Acompañado de su actual banda Promise of the Real, ayudó a cumplir el sueño de volver a verle por estas lindes que disfrutaron de una bonita “Alabama”, de “Heart of Gold” con la que concluyó la sesión acústica y un final apoteósico con “Rockin’ in a free world”.

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Neil Young. Foto: Vincent Urbani

La camisa de niño bueno que vestía el frontman de Enter Shikari, Rou Reynolds, resultó ser una broma. Nada más lejos de la formalidad, vivimos el abrasivo directo de estos ingleses que continúan despertando conciencias a paso firme de post-hardcore. El escenario 4 se les quedó pequeño desde el momento en que irrumpieron en él. Brincos que acabaron con saltos sobre el público, contorsiones dignas del trance con el que coquetean y un enorme batallón de fans que los venera y los aclama. Pura adrenalina con cara de adolescente rebelde, revestida de electrónica con la que nos presentaron su cuarto trabajo, The Mindsweep. Además, “Run you”, “Jungle” y, por supuesto, “Stompbox”, no pudieron faltar.

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Biffy Clyro. Foto: Sara Morales

El suelo del segundo escenario principal parecía venirse abajo con el pletórico directo de los escoceses Biffy Clyro mientras, al mismo tiempo pero al otro lado del recinto, la sala 3 quedaba minúscula para la hipnótica propuesta audiovisual que traía Flume. Los primeros, considerados por méritos propios una de las bandas de rock más aclamada de la última década y media, lucían palmito en base a esa potencia sónica y conductual que los caracteriza, esta vez más melódica que de costumbre. Recuperaron temas de su bordado Puzzles, sonaron con contundencia en “Wolves of winter”, “Friends and Enemies” y “Black Chandelier” y les vimos magnéticos al frente de “Biblical”, “Animal Style” y “Stingin’ Belle” con la que pusieron el punto y final a otro de los conciertos más numersoso del festival.

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Flume. Foto: Vincent Urbani

Como decíamos, mientras, en la otra punta del Mad Cool algo venido de otra naturaleza estaba ocurriendo. La magia multicolor con la que el jovencísimo australiano Harley Edward Streten, aka Flume, arrampló en Madrid logró convertir su paso por el festival en uno de los espectáculos visuales más aplaudido. Engranajes futuristas, puesta a punto en lo último de la innovación software y desprendimiento de un mundo de fantasía tecno vanguardista que conquistó sin remedio, mientras hacía sonar ese trip hop exquisito encabezado por “Holdin on”.

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Two Door Cinema Club. Foto: Vincent Urbani

No fuimos pocos lo que nos sorprendimos con la melena que lucía esta vez Alex Trimble, líder de los norirlandeses Two Door Cinema Club. Llegaba el momento de cerrar por este año el escenario principal del Mad Cool y ellos fueron la apuesta ganadora para hacerlo. Concatenando sus letras más reputadas, encabezadas con la siempre apetecible “Undercover Martyn” que sonó en segundo lugar del repertorio, junto a otras perlas como “What you know”, “Sun” o “Something good can work”. En octubre publicarán su cuarto álbum de estudio, Gameshow, del que quisieron adelantarnos algunos temas que, como pudimos comprobar, continúan por la senda de eso que les ha llevado a convertirse en aliados de la diversión y habituales en las parrillas festivaleras de nuestro país. Lúcidos en la noche y con una pose ciertamente glam, volvieron a conquistar.

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Capital Cities. Foto: Vincent Urbani

Para la despedida definitiva, tras tres días de momentos irrepetibles en Mad Cool, elegimos como banda sonora el synth pop de Capital Cities. El dúo de Los Ángeles, experto en abarrotar pistas a base de indietrónica, consiguieron hacer estallar a los asistentes que se resistían a abandonar el recinto con su gran insignia, “Safe & Sound”. Multiinstrumentación y melodías pop para  los últimos bailes sobre el césped del escenario principal, antes de que las luces del jardín de la Caja Mágica se apagaran hasta el año que viene.

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Foto: Vincent Urbani