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Es verano en Londres. No hay colas en el metro y los pocos que no hemos tenido la suerte de irnos de vacaciones aprovechamos cualquier rayo de sol, por pequeño que sea, para lanzarnos a los parques de la ciudad a hacer una barbacoa. Único reducto veraniego para todos aquellos expatriados que vinimos a la ciudad en busca de un nuevo horizonte profesional y que vemos como la salida de Reino Unido de la Unión Europea puede hacer tambalear ese futuro. Quizás uno de los sectores que ya está empezando a sufrir este cambio es el de los arquitectos. Para tomarle el pulso al sector, hablamos con Alejandro Zaera, uno de los arquitectos españoles, con base en Londres, más reconocido internacionalmente.

Imágenes arriba: Retratos de Alejandro Zaera realizados por  Anabel Navarro Llorens

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Imagen superior: Villa Haynes, vivienda particular en Sotogrande. © AZPLM – Alejandro Zaera-Polo & Maider Llaguno Architecture

Entrevista a Alejandro Zaera

A lo largo de los últimos años, Londres ha gozado de un muy buen estado de salud en cuanto a construcción se refiere, y eso se ha reflejado en una masiva migración de arquitectos venidos de toda Europa que llegaban a la ciudad, en muchos casos directamente desde la propia universidad, a conseguir una oportunidad laboral. Uno de los primeros arquitectos españoles que plantó la pica en Londres y montó su propio estudio fue Alejandro Zaera en 1993. Primero como Foreign Office Architects y ahora como AZPML, el estudio que comparte con Maider Llaguno. Nos encontramos con él en su estudio de East London donde nos habló sin pelos en la lengua de sus primeras experiencias profesionales, de la educación en España, del Brexit o de cómo se maneja con las redes sociales, entre otras muchas cosas. Tal y como él mismo dice, todo empieza por casualidad y esta vez la casualidad nos lleva a entrevistar a uno de los arquitectos españoles más reconocidos en todo el mundo. Comenzamos.

Estudiaste en Madrid, ¿qué opinas de tu formación en España?
“Yo salí de la Universidad Politécnica de Madrid muy bien preparado, más por ejemplo que cualquier estudiante en una universidad americana. En Estados Unidos todos los estudiantes aprueban y te tratan bien y sin embargo en España hay que salir de la universidad a tortazos. La escuela de Madrid estaba súper masificada. Cuando yo estudié había alrededor de 7.000 alumnos y eso se nota. Por otro lado era un momento donde había muchas oportunidades de construir y ya en mi tercer año de carrera empecé a trabajar cuatro tardes a la semana en el estudio de Iñaki Casas”.

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Imagen superior: Vista aérea de la Estación Grand Central en Birmingham, Reino Unido. © Ross Jukes Photography

¿Cómo podías compaginarlo con los estudios?
“Principalmente me dedicaba a sacarme proyectos – una de las asignaturas con más peso de la carrera – y lo demás me lo sacaba raspando. Esa experiencia laboral me enseñó mucho. Entonces se hacía un proyecto de 1.200 viviendas sociales entre sólo dos o tres personas. También hice varios proyectos de restauración en ese estudio y me tocó subirme a un andamio a medir las bóvedas de la catedral de Toledo. Aquello era arquitectura pura y dura, y aprendí muchísimo. Más tarde también trabajé con Iñaki Ábalos y Juan Herreros. Yo fui su primer empleado. Después, poco antes de acabar la carrera me ofrecieron un trabajo en el estudio de Rafael Moneo. No me había interesado demasiado lo que hacía entonces y me sigue sin interesar. Allí estuve sólo tres meses haciendo los wáteres para el aeropuerto de Sevilla. Coincidiendo con que me dieron una beca Fullbright para ir a Harvard, me marché. Moneo es una persona inteligentísima, pero esa forma de trabajar no me interesaba”.

Paralelamente desarrollaste una amplia carrera teórica escribiendo para varias revistas, ¿de dónde venía ese interés?
“Siempre me había gustado escribir. Desde pequeño me había interesado la filosofía, además mi madre escribía, y mi casa siempre estaba llena de libros. Me invitaron a escribir un par de artículos sobre Le Corbusier y Mies van der Rohe para la revista del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos y coincidió que la gente de la revista El Croquis estaban empezando en ese momento. Empecé a escribir para ellos en cuarto de carrera. Mi primer texto para El Croquis fue sobre Calatrava en uno de sus primeros monográficos. Todo empezó casi por casualidad. Todo siempre empieza por casualidad… aunque cada vez menos”.

¿Cómo ves la situación de la crítica de arquitectura en España?
“Yo siempre he tratado de portarme bien con la gente. Ser crítico no tiene ningún interés. Decir cosas negativas de alguien es muy fácil, lo que es difícil es intentar ver cuáles son los potenciales detrás de una obra. Yo siempre he tenido esa norma y es una forma de trabajar que desarrollé para sobrevivir al sistema. Siempre me ha interesado la teoría de la arquitectura más que la crítica y diría que la crítica de arquitectura en España no existe”.

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Arriba: Exterior de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia en León. © Fundación Cerezales Antonino y Cinia

Volviendo a Harvard, ¿cómo fue tu experiencia allí?
“En Harvard estuve dos años. Tuve una formación muy americana, muy parecida a Princeton, Columbia o Yale. Es una formación puramente profesional, radicalmente diferente a la de España. Allí te preparan para trabajar en un estudio corporativo donde lo único que tienes que hacer es pensar en términos de diseño, pretender que eres artista, y crear un discurso eficaz para convencer a los clientes de la empresa de que tus servicios merecen la pena. Toda la parte técnica la desarrollan otras personas en la oficina, no el arquitecto. El diseño y la construcción están completamente separados”.

¿Cuál fue el siguiente paso?
“En Harvard conocí a Rem Koolhaas que me invitó a irme a trabajar con él a Rotterdam. Allí estuve tres años. En esos años su estudio OMA estaba básicamente en bancarrota, no pagaban regularmente y decidí con mi entonces pareja Farshid Moussavi que era una situación que no nos interesaba. Nos mudamos a Londres en 1993 para dar clase en la AA -Architectural Association- donde estuvimos siete años. Al llegar a Londres la situación no fue fácil, ahora sería incluso más difícil. Los precios de la vivienda ya eran altos y en aquella época cobrábamos dos duros en la AA. Tuvimos que buscarnos la vida como podíamos y montamos nuestro estudio en casa. Aún así, a decir verdad, tuvimos mucha suerte. En esos años ganamos el concurso para la Terminal Portuaria de Yokohama en Japón, nos instalamos en Tokio durante dos años y terminamos el proyecto en 2002”.

Poder montar tu propio estudio fue un lujo que ahora es casi imposible en una ciudad como Londres y para un recién llegado. Todo esto se va a ver afectado con la salida de Reino Unido de la Unión Europea, ¿cómo os va a afectar a vosotros?
“El Brexit es una putada. No tengo ni idea en qué va a derivar esto. Londres es un lugar muy interesante, precisamente porque hay gente de todo el mundo. Aún tengo una mínima esperanza de que den marcha atrás. El efecto en cadena que puede generar sería devastador. Si tuviéramos que pedir permisos de trabajo para todos los trabajadores de la oficina, no nos lo podríamos permitir y tendríamos que considerar llevarnos la oficina a otro sitio”.

 

Ahora tienes tu estudio en el este de Londres, una de las zonas que más ha cambiado en los últimos años y una de las más cosmopolitas de la ciudad ¿cómo has vivido la evolución de la zona?
“Estuve viviendo en Pimlico desde 1994 a 2011, durante varios años compartiendo espacio de trabajo y vivienda. En 2003, aun siendo FOA – Foreign Office Architects con Farshid Moussavi -, nos mudamos al este de Londres al edificio donde ahora está AZPML, el estudio que comparto con Maider Llaguno. Entonces la zona no tenía nada que ver con lo que es ahora pero vi muchas posibilidades en ella. Siempre he considerado tener buen ojo para invertir. Comprando propiedades he sacado más beneficio que con mi práctica”.

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Arriba: Interior de la Estación Grand Central en Birmingham, Reino Unido. © Network Rail

A lo largo de tu carrera también has publicado varios libros ¿qué libro estás leyendo ahora?
“Ahora mismo no estoy leyendo ningún libro. Llevo mucho tiempo trabajando en un libro sobre fachadas que a su vez estuvo vinculado con mi investigación para la Bienal de Arquitectura de Venecia –dirigida por Rem Koolhaas en 2014-. Así que cuando leo es principalmente libros académicos muy específicos vinculados con este tema”.

Recientemente hubo una gran polémica en torno a tu participación en aquella bienal que derivó en tu dimisión como decano de la escuela de arquitectura de Princeton, ¿en qué ha derivado todo eso? “Sigo trabajando en Princeton como profesor fijo. Aquello se gestionó muy mal en aquel momento y ahora estamos en trámites legales”.

Cuando empezaste tu estudio no existían las redes sociales, sin embargo recuerdo que con vuestro primer proyecto para la Terminal Portuaria de Yokohama, conseguisteis un gran impacto mediático a nivel internacional, ¿cómo comunicabais vuestro trabajo entonces? “Cuando ganamos Yokohama no existían las redes sociales, entonces había otros canales mediáticos como las revistas con los que yo por mi propia trayectoria estaba en contacto. Aquellos medios eran analógicos y muchísimo más lentos que los que hay ahora, y a la vez mucho más restringidos en el sentido de que o estabas en contacto directo con los editores o estabas fuera de juego. Ahora cualquiera puede hacerse público y las redes sociales homogenizan el mensaje, eliminando la carga crítica de la propia selección de contenidos”.

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Imagen superior: Detalle de la fachada de la Estación Grand Central en Birmingham, Reino Unido. © Ross Jukes Photography

¿Cómo os habéis adaptado a las redes sociales?
“Las redes sociales tienen una importancia muy relativa para nosotros. Hay gente como Bjarke Ingels que ha sabido rentabilizarlo muy eficazmente. Yo en un momento tuve Facebook, acepté todas las solicitudes de amistad y no lo volví a tocar. Maider sí que está más metida en redes como Instagram y actualiza nuestro perfil con algunas imágenes de visitas de obra, pero a mí me queda lejos. No nos interesa explicar cada fase del proyecto, eso lo hacemos a través de nuestras conferencias. No sé realmente si en nuestro caso las redes sociales nos ayudarían a conseguir más encargos o comunicar mejor nuestro trabajo. Sin embargo entiendo que hay arquitectos que desarrollan un trabajo a un nivel más teórico y limítrofe con otras disciplinas, en los que las redes sociales sí juegan un rol más importante. Quizás nos los deberíamos de tomar más en serio”.

¿En qué proyectos estáis trabajando últimamente?
“Llevamos varios proyectos en marcha en este momento. Hace poco hemos terminado la Estación Central de Birmingham y estamos trabajando en un concurso que ganamos en 2013 para diseñar el Palazzo del Cinema en Locarno, en Suiza. También estamos terminando la Fundación Cerezales en León y una casa experimental en Sotogrande. Por otro lado estamos trabajando en la primera Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Seúl de la que soy co-director y abordará el concepto de post-human city”.

¿Qué más nos puedes adelantar sobre esta bienal?
“La idea para esta bienal es generar una crítica a la Carta de Atenas donde se definió que todos los mecanismos de diseño de la ciudad están basados en funciones humanas. La Carta de Atenas de 1943 publicada por Le Corbusier define la ciudad a través de cuatro funciones destinadas puramente al ser humano, y que incluían los usos residencial, laboral, recreativo y el transporte. Sin embargo, los problemas más importantes que ahora tiene que resolver la ciudad contemporánea no están relacionados con los humanos, sino con el aire, el agua, la energía o la vegetación, que se enlazan a su vez con el rol de la tecnología. El proyecto lo contamos desde la reinterpretación y análisis de los cuatro elementos primigenios: fuego, tierra, aire y agua, en la ciudad”.

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Arriba: Vista aérea de las instalaciones del Centro Especializado de Alto Rendimiento de Vela “Principe Felipe” en Santander. © Riancho &Herrero