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La arquitecta madrileña Izaskun Chinchilla ha convertido el castillo de Garcimuñoz de Cuenca en un Centro Cultural. ¡Viva la conservación histórica a través de la utilidad social!

Casi 13 años ha costado finalizar todo el proceso de creación para la rehabilitación del Castillo de Garcimuñoz. El inmueble pertenece a la Iglesia Católica y ha sido cedido temporalmente al Estado Español. Esta cesión no incluye la iglesia anexa en el lado sur. La superficie del castillo sin incluir la iglesia es de casi 2.000 metros cuadrados. La intervención, además de contribuir a reforzar y proteger los restos, persigue dos objetivos fundamentales: incluir una dotación pública de carácter cultural, y hacer visitables los espacios del antiguo inmueble habilitando ascensores, pasarelas y conexiones que salvan los abundantes desniveles y permiten la visita de los diferentes puntos de interés.

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En el diseño se ha respetado todo el complejo legado histórico, por ejemplo, la pasarela que recorre interiormente el muro norte separa la arquitectura del siglo 15, defensiva, de la arquitectura del siglo 16, de carácter más palaciego. La plataforma central separa los restos de una fortificación anterior de los del castillo tardomedieval. La dotación cultural  incluye: cine al aire libre; área de exposición cubierta y atemperada; zona de exposición al aire libre; biblioteca; área de ordenadores y videoteca; cocina; áreas de degustación y dos terrazas panorámicas.

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Todo tiene un carácter temporal, como explican desde el estudio de Izaskun Chinchilla: “Casi todos los elementos incluidos en el proyecto pueden ser transportados por dos personas y todos pueden ser desmantelados. Se trata de un proyecto completamente reversible. Desde el punto de vista tectónico, la intervención se asemeja más a un mobiliario adherido al inmueble que a una nueva construcción. Esto permite no solo la futura incorporación de otros usos, sino también futuras actualizaciones del equipamiento -con importante presencia de usos digitales- y el traslado de elementos obsoletos a otros emplazamientos.” El material que más se ha utilizado ha sido el acero galvanizado y pintado. Este material tolera una gran durabilidad con escaso mantenimiento y permite, tal como prevé la Carta de Atenas y los acuerdos internacionales posteriores, que la obra nueva se distinga con claridad de la antigua.

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Fotografías: Miguel de Guzman (ImagenSubliminal)