Diego González Baton Rouge

Antes de nada: queremos más Baton Rouge en nuestras vidas. Encajonado entre Sol y la zona de Huertas de Madrid, esta pequeña coctelería nos ha privado. Algo está cambiando en este Madrid que poco a poco parece querer beber mejor, con más estilo, a mejor ritmo. Baton Rouge es un pequeño club que no excluye a nadie, pero uno que a buen seguro tendrá en breve su legión de fieles. Nosotros ya nos acodamos en su preciosa barra y brindamos con un buen Sazerac marca de la casa.

Coctelería Baton Rouge: ladrillo, soul y obsesión por el líquido en Madrid

barra Baton Rouge

La dirección puede llevar a equívoco. Estamos en territorio de taberna cañí, señuelos caza-guiris, locales de pachanga perpetua y calles asoladas por celebraciones que son odas al bad taste. Pero hay esperanza. Algunas iniciativas radicalmente distintas se atreven a abrir para nuestro regocijo y fe en el género humano. El barrio de las Letras, sin dejar de ser popular, siempre debió ser ilustrado. Baton Rouge, con apenas dos meses de vida, debe ser uno de esos negocios que traiga la revolución. Todo gracias a Diego González, bartender y alma mater de su propio sueño en libertad.

Cóctel

Muchos buenos bartenders de todo el mundo tarde o temprano acaban curtiéndose en las barras de Londres. Diego González arrancó su vida profesional en la capital universal del cóctel allá por 1997. Curioso. Allí se mantuvo una década filtrando conocimiento y práctica junto a los mejores. Y tras un par de ejercicios en Tatel, tuvo a bien protagonizar una nueva aventura barista y embarcarse en su propio garito en el que él es su único amo. Con permiso de sus clientes, a los que trata con exquisita atención y una sonrisa sincera. Como lo hace su joven personal. Y con permiso también del líquido, su auténtica obsesión. Sí, en Baton Rouge hay poco postureo y buen alcohol. Como en la vieja capital de Nueva Orleans. Qué digo, mejor.

Diego González cóctel

Decorado por el propio Diego, el local dejó sus antiguas hechuras de pizzería sin gracia para lucir ladrillo visto, retratos de época y un expositor de botellas a la entrada que es el eje conductor de la velada. Baton Rouge suena además a soul negro y eso ya nos atornilla al taburete. De Nina Simone a The Brothers Johnson y sin casi renuncios. Lo dicho: impera el buen gusto. Más detalles que no abundan: de primeras se sirve un vaso de fría agua de limón. Sigamos.

La carta es tan escueta, con motivo de apretar en lo sustancial, como explicativa, por lo que cada referencia se acompaña de unos iconos que completan la información con el tipo de vaso, de cóctel o preparado. La gente no es experta y cuantas mayores explicaciones, más cerca estará del acierto. Divide la propuesta en Twisted Classics, Fresh & Fruity, Signature Cocktails y Ethanol Free. Pues eso: clásicos, frescos y con frutas, más complejos y cócteles sin alcohol. De los primeros, evolucionan sus fórmulas y llegan incluso a embotellar las bases. Hablamos del Sand, el Manhattan (servido en vaso de whisky y con hielo tallado por ellos), el Negroni y el Sazerac, una de las mezclas más señeras del recetario histórico de Nueva Orleans. Este feliz pelotazo incluye whisky rye y bourbon, brandy, amargos y absenta.

Coctelería Baton Rouge

Aviso: en Baton Rouge también hay zampa. Porque en todo bar es conveniente empapar, aunque no en todos nos podamos relamer con los siguientes bocados de suculenta dieta americana. Son cuatro hamburguesas de excelente producto, acompañadas de ensalada de col, mayonesa casera y patatas al horno, más algunas raciones de jalapeños, fingers de mozzarella o patatas fritas. No más, y es que la intención es ir al grano. Baton Rouge es, por encima de todo, una coctelería. Y se nota.

*Fotos cedidas por Diego González. 

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Baton Rouge Cocktail Bar

Calle de la Victoria, 8.  Madrid

Tel. 671 44 06 28

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