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Una atracción para las visitas de provincias, por mor de haberse planificado como una especie de Broadway de segunda. Una plaga de souvenirs de todo a cien. La claudicación total ante el marquismo más colonizador. Todo eso es hoy la Gran Vía, si bien confiamos en que todavía conserva su don especial de gran arteria viva bajo la que todavía late su significado aglutinador. Por eso, y a riesgo de pecar de snobs, nos alegramos de que por fin en ella, en la Gran Vía de todos, se pueda comer bien. La Primera, justo en el número uno que corresponde al emblemático edificio Grassy, es un restaurante bonito en el que darse el mejor de los festines a las órdenes de Paco Quirós. Nos ponemos de pie.

Restaurante La Primera: festín norteño y art déco en la Gran Vía de Madrid

Imagen superior: entrada al restaurante La Primera

Edificio restaurante La Primera

Imagen superior: fachada del edificio Grassy, sede del restaurante La Primera

La centenaria coctelería Chicote merecía ver cómo frente a ella abría este restaurante hermanado con Cañadío, La Maruca y, el más reciente, La Bien Aparecida, establecimientos todos orquestados por el mencionado Quirós.

Se cuenta todo a la puerta de entrada, sobre una fachada en la que se puede también leer los restos del que fuera elegante salón de té de la época, el Sicilia Molinero, con pista de baile y orquesta de Santiago Crespo. Otros tiempos.

De cañadío en cañadío

restaurante La Primera

Imagen superior: detalles de interiorismo del restaurante La Primera

El maestro Paco Quirós cultivó sus pasos en la profesión en su querida Santander. A principios de los ochenta inauguró su primer “cañadío” antes de atreverse con la capital. En La Primera, como en esos mismos “cañadíos”, reproduce junto a su socio Carlos Crespo la versión de una cocina reconocible que invita siempre a repetir precisamente porque no depara sorpresas. Para Paco Quirós el adjetivo NORMAL es virtud.

Decoración art déco

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 Imagen superior: interior del restaurante La Primera

La Primera, homenaje a la primera playa del Sardinero, continúa esta normalidad y la embellece entre ribetes dorados y espejos art déco. Es el estudio de Tarruella Trench, en sintonía con la identidad y grafismo de Mandaruixa, el que con mucho acierto y contención ha dado continuidad a la lógica del edificio Grassy, diseñado por el también cántabro Eladio Laredo en 1915, y que desde que la Gran Vía finalizara su primer tramo la separa de la calle del Caballero de Gracia. Se trata de comer en el mítico esquinazo coronado por el letrero de Rolex.

Recibimiento a pie de calle. Comedor escaleras arriba en la primera planta. Ventiladores de aspas, suelos de mármol, formas redondeadas, mucha presencia de plantas y otros motivos vegetales. Una bonita barra y todo un espacio bien aprovechado para numerosas mesas de todos los tamaños. Aun así, no hay agobios. Más bien ambientazo con vistas abiertas a ambos lados de la fachada. Uno de los salones más bonitos de Madrid. Y para un ticket medio.

Comida montañesa, coctelería clásica

Ensaladilla y merluza

Imagen superior: platos de ensaladilla rusa y merluza en el restaurante La Primera

El servicio en La Primera es sencillamente abrumador. El nutrido personal, amable y eficaz, deambula entre pasillos y mesas para que nada falte y todo funcione. A Paco se le puede ver en la barra, aparentemente desentendido, en el fondo presente.
La velada empieza con una sencilla selección de panes. Bien vale pedirse un vermú Yzaguirre, servido con hoja de hierbabuena, canela y el toque de un spray de naranja. Se puede optar también por un pisco sour o por algunos infalibles del aperitivo como el negroni, el gin fizz o La Primera Burbuja, cóctel con cava, Martini blanco, bourbon, fresa y menta.

Arroz negro

Imagen superior: arroz negro del restaurante La Primera

Obligado es atacar el pincho de tortilla, realmente único, aunque no aparezca en carta. Siguen los entrantes con anchoas de Santoña 3/8 con pimientos asados, pudín de cabracho 1981 (más de un plato se apellida con la fecha fundacional de la casa madre, detalle nostálgico), pastel de queso y trufa, las rabas de Santander, patatas bravas La Maruca, unos delicados buñuelos de bacalao Cañadío, una de sus especialidades, o su ensaladilla rusa La Primera, otro de sus básicos que presenta una capa algo apelmazada sobre la que se derrama mayonesa bastante licuada entre la que se aprecia pimiento, anchoa y piparra. Un par de opciones de verduras, otras tantas de huevos en distintas elaboraciones (obligatoria esa Parada en Landa, unos huevos con puré de morcilla y patatas en tempura que se acuerdan del legendario hostal burgalés que tantos comilones de España han frecuentado) y su arroz seco con verduras y setas al horno, bien sabroso. Una merluza Meunière 1981 y el jarrete de cerdo con puré de patata asada completan la parte más contundente antes de elegir entre los cuatro postres esenciales: la tarta de queso, la de limón (más dulce que ligera), el flan y el sobao (o un sustituto de chocolate). Puro recuerdo montañés actualizado en Madrid. La Gran Vía (y los que la queremos) lo agradece.

Cócteles restaurante La Primera

Imagen superior: margarita y La Primera Burbuja del restaurante La Primera

El restaurante La Primera también sirve desayunos.

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Restaurante La Primera
Gran Vía, 1, Madrid
Tel. 910 52 06 20
restaurantelaprimera.com

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