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Si pensabas que en París solo había pijos y gente aburrida, te equivocas. Encontramos a los ‘Club Kids’ del underground parisino en el festival  Pitchfork.

París es una ciudad cara, sí. Si no tienes contactos, es difícil conocer gente nueva o hacer cosas distintas, también. Sin embargo, cuando abres las barreras o miras más allá, se puede encontrar un mundo nuevo y distinto. Fuimos desde Barcelona a París en tren. Renfe SNCF nos invitó a la capital francesa y, así, aprovechamos para ir al festival Pitchfork Paris Music. Del viaje no te podemos decir más que maravillas, si odias el avión o piensas que es perder el tiempo entre que vas al aeropuerto, entre que esperas y blá blá, la mejor opción para ir a Francia es el tren. Seis horas y, de repente, ya estás en la Ciudad de la Luz. Pero ¿y con respecto al festival? La séptima edición del festiva fue  bastante interesante. Lo que escuché de varias personas es que los pijos de París son los únicos que se pueden permitir comprarse un abono tan caro para un festival así. ¿Esto qué quiere decir? Que el underground real no está en esta clase de festivales, ni lo revolucionario ni lo que va a cambiar las cosas. Aún así, con todo esto en la cabeza, fuimos a ver en qué consistía.

A principios de noviembre, durante tres días, The National, Kamashi Washington, Run The Jewels, Princess Nokia, BADBADNOTGOOD y muchos más estuvieron en el recinto Grande Halle de la Villette. Sí que es cierto que el público francés/europeo es mucho más frío que el público español y eso se notaba. Por ejemplo, si Princess Nokia se vino arriba en nuestro país y la lío parda las tres veces que ha tocado aquí, en París, llegó, cantó y se marchó, humilde, sumisa y discreta. Por si no recuerdas cómo ha sido el paso de la diva del Bronx por nuestro país: en el Sónar llegó una hora tarde y se dedicó más a hacerse selfies que a otra cosa; en Madrid, 45 minutos tarde por estar bebiendo con Yyung Beef y La Zowi (de los que somos muy fans, ojo); en Sevilla en el Monkey Week, paró el concierto y empezó a echarle la bronca al de sonido “por no hacer bien su trabajo”.  Todo esto, aunque parezca una tontería, denota cómo un cantante/músico puede ser de una forma u otra dependiendo del festival o la ciudad.

Sin duda alguna, lo que más nos gustó del festival fue Pitchfork Avant-Garde que tiene lugar dos días antes del festival. En distintos clubs/discotecas y salas del centro de la ciudad, lo más emergente tanto nacional como internacional, toca en directo. Entre esto y el público divertido que encontramos, que entre tanta gente seria y estereotipada no era cosa fácil, se hizo un poco más llevadero el Pitchfork de París.

Si tienes la oportunidad de ir, ve. Y si no puedes, pues no te preocupes, que tampoco te pierdes nada del otro mundo, quizá, grupos que no han venido a nuestro país o que no vendrán en mucho tiempo.

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Fotografías de Elvira Viedma
Pitchfork Paris
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