2015 2.5”W x 5.5”H x  2.625”D

Rachel se mira al espejo, Rachel  sale de casa. Rachel, todo el tiempo pronunciado como Reichel, se mira en el retrovisor de un coche que parece un BMW y no sÉ si es plateado. Aprieta los labios cuando se come un bollo lleno de nata, un bollo de crema pastelera rosa o algo así y no le cae ni media miga sobre su móvil bourgogne mientras lo mira. Hay copas en la galería, pero Rachel está mas pendiente de sus nuevos dientes. Se mira en todos los reflejos porque sus carillas de porcelana, esas cosas finas refinas que se ha puesto hace muy pocas horas, no se notan para nada, o sea te lo garantizo, nada; salvo por esa cara de cordero bueno que te deja siempre, la sonrisa de monstruo dócil.

Imagen superior: Ron Nagle. The Fresh Prince of Tides. 2015.

Gente y charlas y focos y dos gafas de sol. Buenas conversaciones, otras para nada pero hoy hay suerte. La exposición está montada con criterio, llena de piezas que digo buenas, buenísimas de cerámica y porcelana contemporánea. Como sus dientes, porcelana de ley. Mucha gente, calor y ruido y ahí Rachel, nuestra Rachel, se nos viene abajo en medio de una conversación. Pueden ser los putos nervios o el azúcar del bollo o el estrés pero se le está cayendo el mundo y su expresión se retuerce un poco como el barro, aplastada por dentro con careto de gorgona, no hay marcha atrás. El gesto se queda y le deja una mueca visible; ya no escucha lo que le dicen la tipa del acento ni caradegoma. Rachel está sola en su cueva mental, dentro de un cuerpo de tactel.
Se le ha olvidado hablar pero tiene tiempo hasta que sea detectado. Sonríe como un cacharro, una mueca de skimmer limpia piscinas. Mira las esculturas de cerámica y quiere morderlas, morder, morder y apretar muy fuerte las piezas de arcilla moldeada, cocida y decorada con primor. Notar la dureza del objeto, el sabor a descarga eléctrica. Dios, solo quiere tocarlas todas e introducir los dedos en esos huecos, coger las esculturas de porcelana y levantarlas para sentir de verdad con precisión el peso. Ha brotado un amor demente por toda aquella artesanía del diablo. Desde su cueva solo piensa en medirlas, pesarlas y anotar los resultados. 1 kilo 600, 6 kilos, 2 kilos 300, 4 kilos. 18 cm, 14,5 cm, 72 cm, 26 cm. Sospecha que todo está frio pero las obras transmiten calor, debe ser ese color lenteja. Una obsesión dataísta, archivista la ha poseído como el demonio de un comisario independiente. Sus dientes brillan exactamente igual pero la gorra, que hasta hace un tris llevaba estratégicamente posada sobre el pelo, ahora está sobre una de las piezas. ¿La habré puesto yo? he tenido que ser yo, ostia seguro. Laguna, no me acuerdo. Pitis en el barro. Los dientes de porcelana se van de allí y ella lo mismo dos milímetros después con la cara de arcilla y su coche nosequé.

pieza de cerámica modernaRon Nagle. Similak Child. 2016.

Mi relación con la cerámica contemporánea, vaya mi empeño real por ella nace en la 55 Bienal de Venecia. Allí en Giardini me encontré con las obras de Peter Fischli y David Weiss; una sala grande con muchas pequeñas esculturas de barro. Todas muy ingeniosas, todas con una factura sencilla con monigotes que explicaban ideas como el recuerdo del viejo punk y momentos históricos como la cara de Casius Clay after his fight with Joe frazier. Claro el contexto reforzado por el montaje en vitrinas y caja blanca acreditaba el valor de las piezas e invitaba a subir a los altares un material no demasiado noble. Ese trabajo era genial, fresco.
La palabra artesanía tiene una fama mala, suele considerarse algo humilde y folclórico, especialmente en éste momento tan postinternet del arte. Nada mas lejos de la verdad, se trata de una disciplina presente en los grandes contextos culturales internacionales y en los estudios de los mas destacados artistas de larga trayectoria. Ésta cerámica moderna frente a la clásica tiende a la deformación y con frecuencia recurre a cierta ironía tenebrosa. Su carácter es oscuro y tiene un alto valor conceptual, refleja su tiempo inteligentemente. La cerámica es ahora la proyección mental rica y compleja de sus autores.

pieza de cerámica modernaIzquierda: Guðmundur Thoroddsen. World Cup Trophy. 2015. © Guðmundur Thoroddsen. Cortesía de Hverfisgallerí. Derecha: Guðmundur Thoroddsen. Hot Dog Mask. 2015. © Guðmundur Thoroddsen. Cortesía de Hverfisgallerí.

pieza de cerámica modernaGuðmundur Thoroddsen. Hot Dog Nose. 2015. © Guðmundur Thoroddsen. Cortesía de Hverfisgallerí.

Guðmundur Thoroddsen (Reykjavik, 1980). El trabajo de éste artista islandés juega con iconografía deportiva reproduciendo escenas donde sus personajes rezan, juegan al baloncesto, follan y cazan. Sus cerámicas representan trofeos deportivos, la masculinidad aparece en forma de falos y barbas enormes con atribuciones pseudo religiosas funcionando como bustos sacros y efigies. Su trabajo eleva, en cierta manera, temas profanos como echarse una pachanga de básquet o pasear. El concepto de héroe y la figura masculina planean sobre su trabajo y se expresan de forma satírica. Los colores en Thoroddsen son uniformes, terrosos, desvaídos con algún verde crudo ocasional y ciertos amarillos tendentes al beige. Todo está en cierto sentido podrido y sin embargo resulta un trabajo muy enérgico. Compositivamente hablando hay una armonía notable, los bultos y las deformaciones no llevan al caos sino hacia formas equilibradas, esculturas de aspecto marchito muy bien estructuradas. Premios tenebrosos con una gran sensibilidad formal.

pieza de cerámica modernaRon Nagle. Exposed Prosthetic. 2016.

pieza de cerámica modernaRon Nagle. Worst than Hearst. 2016.

pieza de cerámica modernaRon Nagle. Scrunchabunch. 2008.

Os lo tengo que confesar, las obras de Ron Nagle (San Francisco, 1939) me producen una enorme atracción, sobre todo sus piezas más extraterrestres. Nagle es uno de los grandes maestros de la cerámica. Este artista californiano instalado en San Francisco tiene una trayectoria fantástica y un conjunto de piezas de discurso homogéneo y justificado. Trabaja a pequeña escala obras preciadas como joyas que destacan por sus colores vivos y su aspecto jugoso, melosos, muy salsero. Una de las líneas formales mas apreciadas son las esculturas de carácter alienígena, obras con texturas y extremidades bulbosas marcianas, locas perforaciones como cráteres y asimetrías con asteroides y colores galácticos. Massimiliano Gioni le comisarió en The Encyclopedic Palace para la 55 Bienal de Venecia (como Fischli y Weiss) en lo que fue una bola bien jugada. Las pinturas tántricas anónimas que se exponían junto a las 30 obras de Nagle le daban un punto divino. Un aire nuevo de tótem sin perder ese carácter lúdico suyo, como pequeñas figuras religiosas que necesitas atesorar, onda La dama de Ibiza. Su lenguaje tiene un perfume postmoderno y el tono es claramente irónico. En este sentido sería un gustazo exponerle conversando con la obra de David Shrigley, Zsófia Keresztes y ciertas obras de David Hockney.

pieza de cerámica modernaSterling Ruby. Basin Theology/STYX BOAT. 2017. Foto: by Robert Wedemeyer. Cortesía Sterling Ruby Studio and Gagosian.

pieza de cerámica modernaSterling Ruby. BASKET (6176). 2016. Foto: by Robert Wedemeyer. Cortesía Sterling Ruby Studio and Gagosian.

pieza de cerámica modernaSterling Ruby. HEART (6175). 2016. Foto: by Robert Wedemeyer. Cortesía Sterling Ruby Studio and Gagosian.

El bulto ¿no?, el manejo del bulto es el asunto. La escultura no es el reto de la domesticación de la forma como lo ha sido en el pasado. Ahora la torsión de la materia y sus abombamientos brotan de este interés por la desproporción. Cuando el feísmo y las desfiguraciones son el terreno hacia el que se aspira, ahí te encuentras con la relevante obra de Sterling Ruby (1972, Bitburg). Las formas orgánicas de éste artista americano son seductoras por esa idea tan presente de cavernosidad que conectan con lo arquetípico y sórdido. Cuando hablamos de sus cerámicas, hablamos de objetos desagradables, estructuras que parecen huesos rotos, intestinos, bandejas de vísceras como la cosa del pantano, colmillos, grutas insólitas, cuevas chungas del hardcore. Su trabajo es delicioso porque contribuye de manera sobresaliente a la construcción cultural del Monstruo Moderno; el lado perverso del ciudadano contemporáneo. Sus cerámicas son fabulosas, llenas de tonos sanguinolentos, de grises barro y colores propios de la putrefacción. Un trabajo bajo el que se observa un subtexto inteligente que medita sobre el estado de la sociedad americana. En cierto sentido es el diagnostico del deterioro de un organismo.
Artista prolífico, en esta línea destacan una buena cantidad de trabajos, Urethane Works, cualquiera de sus piezas cosidas, su exposición Vampire en 2011 sobre la figura del depredador y su última en Gagosian en 2017 junto con una selección de obra pictórica. Para entender en profundidad la naturaleza de su obra,  el Bonniers Konsthall en Estocolmo en 2013.

pieza de cerámica modernaMalarko. Ferdinand Cheval. Espacio Ananas. Cortesía del artista. ©Malarko.

pieza de ceramica modernaMalarko. Keith and Corb. Espacio Ananas, cortesía del artista. ©Malarko.

Metacreativa y conceptualmente impecable, Rachel de Joode (1979, Holanda). Sus impresiones digitales de arcilla que perfora, mezcla con barro de nuevo y después pega, aplasta, retuerce y sube a piedras y paredes son excelentes. También por derecho aquí deben estar la sensibilidad de Aaron Angell (1987, Kent), Jesse Wine (1983, Chester) y los sutiles tubos de Charlotte Dualé (1982, París). Me toca por su cercanía el trabajo de Cameron Jamie (1969, Los Angeles) y sus criaturas. Representaciones de lo torcido, esta cuestión del horror pero muy afinado en su caso en torno a elementos mas tribales, un gran catálogo de critptozoología. Retratos de sociedades blandas, Ocultismo sano.
Malarko (1984) son aliens, monstruos y castillos fofos, caras con sonrisa de Ray Bans y Bongs de piña loca. Dentro de una onda joven con temas del mundo del cartoon y la fantasía teen, su trabajo tiene un tono desenfadado de al carajo. Para entender la obra cerámica de este artista afincado en Londres hay que conocer la influencia del Grafitti, campo en el que también trabaja. Algunas de las piezas más interesantes son sus bustos; caricaturas de animales de texturas temblorosas y esmaltadas en coloridos pastel. Di con su obra visitando una exposición en Espacio Ananas, una galería muy yeyé de Madrid. Allí estaba su retrato de Duchamp, un ratón azul con aire de Billy Idol y un pendiente con una mierda de plata colgando. Su trabajo guarda referencias con la cultura pop y trasmite cierta sorna sobre el mundo del ocio y el descanso, piezas como gorritas muy apropiadas.