Adrián Orr, director de la película Niñato.

A pesar de sus coqueteos con la música hip hop (Dj de Clan Lírica Salvaje y colaborador en La Vaca Güano), este madrileño optó por dedicarse al cine como forma de vida. Lleva más de diez años como ayudante de dirección, trabajando con gente como Alberto Rodríguez, Javier Fesser, Santi Amodeo, Javier Rebollo o Montxo Armendáriz. Pero su verdadero sueño es dedicarse de lleno a la dirección. Tras tres cortometrajes, está un peldaño más cerca de hacerlo realidad con Niñato, su primer largo. Un documental donde retrata al cantante homónimo, integrante de las bandas mencionadas que trata de mantener su rol de frontman rapero con el día a día siendo padre de tres niños.

Niñato es la puesta en largo de tu último cortometraje, Buenos días resistencia, cuatro años después. Se ve que os dejó con ganas de más…

Adrián Orr: Desde que estrené el cortometraje en 2013 sentí que había posibilidad de hacer otra película con ellos. Había otras ideas que no estaban en el corto o que apenas estaban esbozadas. Profundizar más en ‘Niñato’, en sus retos y contradicciones como padre joven, su relación con los niños, los roles dentro de su familia. Había posibilidad de buscar en muchas direcciones y pensé trabajarlas a través del tiempo. Por eso organicé el rodaje en varios años. Al final han sido casi seis (los dos del corto más otros cuatro). Quería ver cómo ellos y sus relaciones podían transformarse a través del tiempo y explorar cómo representar esos cambios cinematográficamente. Ver cómo aspectos y detalles de nuestro pasado toman relevancia en el presente y se proyectan hacia el futuro.

El protagonista, David ‘Niñato’, es amigo tuyo de toda la vida. ¿Cómo reaccionó cuando le planteaste por primera vez la idea del documental con sus hijos?

Adrián Orr: La primera vez que hablamos de filmar fue pensando en un corto de ficción, y le pareció buena idea. Siempre hemos hecho cosas juntos relacionadas con la música y esto era una evolución lógica para mí. Por problemas de producción tuve que cancelar ese proyecto. Años más tarde, retomé la idea pero desde una óptica más documental. Busqué otra manera de rodar lo que años antes las carencias de medios me habían impedido. Esta vez me costó un poco más convencerles. Ellos se iban a exponer bastante en la película. Les expliqué cuál era mi idea, por qué, y cómo deseaba filmarles. Ninguno sabíamos cuánto de documental o ficción tendría la película, pero su verdad, la de toda la familia, y sobre todo la de los niños tenía que estar en la pantalla. Así que poco a poco fuimos construyendo la película. En confianza mutua. Creo que el amor y respeto que siento por ellos fue fundamental para que aceptasen el proyecto.

Foto promocional de la película Niñato.

Hitchcock decía que nunca había que trabajar con niños ni animales. ¿Cuál ha sido la mayor dificultad a la hora de rodar con los tres hijos de David? ¿La escena bajo la lluvia tal vez?

Adrián Orr: La secuencia de la lluvia fue difícil sobre todo a nivel técnico por las condiciones climatológicas, no tanto por los niños. Nunca dirigí a los niños a nivel emocional. Quería que el espectador sintiese al ver a Oro, Mia y Luna que son niños de verdad, con todas sus contradicciones y espontaneidad, y no niños interpretando ser niños ante la cámara, haciendo o diciendo algo que un adulto les ha pedido. Si quería que estuvieran contentos o enfadados tenía que esperar al día que tuvieran ese estado de ánimo y aprovecharlo para la película.

Te has tirado grabando a la familia Ransanz cuatro años, ya debes ser como uno más. ¿Cómo ha sido la labor de edición con tanto material entre las manos?

Adrián Orr: Cada verano, durante cuatro años, me juntaba con Ana Pfaff para montar. Sólo rodaba en las estaciones de otoño e invierno, porque quería mantener una continuidad temporal en el personaje de ‘Niñato’ a lo largo de los años. Una apariencia de continuidad que se va rompiendo a través del tiempo de los niños y sus cambios. Así que cada verano revistábamos el material filmado. Íbamos eligiendo y descartando escenas, pensando qué otros momentos del día a día de la familia podrían funcionar con las escenas que más nos habían interesado. Montar la película ha sido sobre todo un proceso de descarte y síntesis. Ha sido una reescritura continua. El máximo condicionante que teníamos estaba en cómo queríamos representar el tiempo, por eso a veces tuvimos que dejar fuera escenas muy importantes, como la primera vez que los niños van a comprar solos, o el primer día de  Luna con la regla. Eran escenas muy fuertes pero hacían demasiado evidente el paso del tiempo en momentos en que no nos interesaba mostrarlo.

Foto promocional de la película Niñato.

Es tu primer largometraje tras muchos años de cortos y trabajos de ayudante de dirección en películas de otros directores. ¿Un sueño hecho realidad?

Adrián Orr: Un poco sí, pero en realidad lo que sería un sueño de verdad es poder vivir de mis películas. Como director todavía no lo he conseguido, por eso sigo trabajando de ayudante de dirección. Les debo mucho a directores como Alberto Rodríguez o Javier Rebollo. Me han contagiado su pasión por el cine. Creo que hacer este largometraje ha sido un proceso natural, ya sea en formato corto o largo, el cine es mi forma de vida, condiciona mi forma de pensar y de mirar lo que me rodea.

Al igual que tus cortometrajes, Niñato se está proyectando por numerosos festivales internacionales, consiguiendo todo tipo de galardones a su paso. ¿Era de esperar, o sigue sorprendiéndote esta grata respuesta?

Adrián Orr: Que te den un premio siempre es una sorpresa. Es muy difícil que te seleccionen en un festival y mucho más que te den un premio. Pero de mi paso por los festivales con lo que más me quedo es con las reacciones del público y su buena respuesta. Me alegra ver cómo las preguntas que se puede hacer un adolescente o una señora de 60 años son las mismas que me puedo hacer yo viendo la película. Creo que la familia de Niñato tiene un carisma muy especial que se contagia en el público. Creo que  hay una autenticidad  muy fuerte y eso es difícil de encontrar en una película.

Foto promocional de la película Niñato.

Tú llegaste a tener un grupo de hip hop con ‘Niñato’, ¿te ha vuelto a picar el gusanillo de la música en todo este tiempo?

Adrián Orr: Fui Dj de CLS (Clan Lírica Salvaje) y colaboré con La Vaca Güano, ambos grupos en los que participaba ‘Niñato’, pero nunca me atreví a rapear en serio. Cuando empecé a trabajar en largometrajes como ayudante y a hacer mis cortos me quedé sin tiempo para la música. Sigo comprando vinilos, me apasiona la música. Siempre que viajo me traigo algún disco pero ya casi nunca me pongo en casa a “scrachear” como hacía antes. Pero aunque ya no practique, el hip hop es parte de mi cultura, fue a través de él que empecé a conocer otras músicas, otras ideas políticas, otras artes. Creo que hacer nuestra película es en cierta manera seguir haciendo hip hop, pero con otras herramientas, con otro lenguaje.

En el futuro, ¿vas a seguir con el formato documental o te pica el gusanillo de la ficción?

Adrián Orr: Imagino que seguiré explorando. Cada vez quiero controlar más lo que pasa delante de la cámara, pero no pienso mucho en géneros cuando filmo. Busco cómo capturar cierta verdad y cómo con ella dar forma a un relato. Ya rodando Niñato las fronteras eran muy difusas. Me gusta esa ambigüedad, jugar y aprender a la vez que grabo; que las personas que estoy filmando me contagien y me condicionen.