Restaurante Gran Clavel

Madrid quiere ser Madrid. O el que era. El Madriz con zeta, el castizo, el chulesco, el pichi. Pero no se puede. No puede. Ni Madrid ni Nueva York ni ninguna otra ciudad con pasado. Recuperar modismos, apariencias, nostalgias, looks, no sirve más que para eso, para continuar por la senda del revisionismo fútil o para recordarnos lo viejos que somos. Con todo esto, comer bien nunca debería ser moda y Gran Clavel, en su intento más o menos infructuoso por vestirse retro, asegura el tiro con ricas viandas, vinos y vermús variados, y platos reconfortantes. Lo demás no importa tanto.

Gran Clavel: vermú, vinos y sabores del Madrid castizo

Restaurante Gran Clavel

Imagen superior: vermú de grifo Zucchini en el restaurante Gran Clavel

Y es que se puede hacer las cosas para salir del paso o como se lo han montado con Gran Clavel. El hotel Iberostar Las Letras, en plena Gran Vía, lleva tiempo sin hacer cuajar sus espacios gastronómicos (recordemos que por ahí llegó a pasar el gran Paco Morales con Al Trapo antes de cumplir su sueño cordobés). Veremos si con esta apuesta por fin acierta. Arsenal no falta: vermutería pop-up, bar de vinos y casa de comidas. Por ese orden, según se entra desde el mogollón de Gran Vía esquina con la calle del Clavel. Chimpún.

Restaurante Gran Clavel

Imagen superior: detalles decorativos del restaurante Gran Clavel

La vermutería. Debería ser imán del transeúnte, typical o no, guiri, de provincias, vecino, grande, joven o mediopensionista. La gran cristalera que abarca el esquinazo deja ver sin tapujos este bar diáfano pero dividido en zona de barra con taburetes y mesas altas y sala más cómoda. Maderas y escayolas, mostrador de mármol y acabados de latón. Muy espacioso. La carta es un repaso por el tapeo esperado: croquetas de jamón, gambas cocidas, pincho de tortilla, gildas y banderillas (de Bombas, Lagartos y Cohetes, puesto imprescindible del Mercado de la Villa de Vallecas), laterío y embutidos con pedigrí (del puesto de Octavio del Mercado de San Antón). Para beber, cañas bien tiradas y una lista rotativa de marcas de vermú por cortesía de La Vermutería Pop-Up, cuya primera edición del año se celebró el pasado enero y que promete próximos eventos en los meses sucesivos.

Restaurante Gran Clavel

Imagen superior: la vermutería y su picoteo en el restaurante Gran Clavel

No suelen faltar Morro Fi (Cataluña), ST Petroni (Galicia), Turmeon (Aragón), Padró rojo y dorado (Cataluña), Lacuesta 80 aniversario (La Rioja), Forzudo (León) y Zecchini de grifo (Madrid).

Restaurante Gran Clavel

Imagen superior: patatas bravas y callos a la madrileña del restaurante Gran Clavel

Bar de vinos. Como transición entre la vermutería y el restaurante, este espacio más propiamente de hotel, alejado del guirigay, permite también un aperitivo abierto a distintos guisos (coliflor asada, salteado de setas, huevos fritos, ramen de cocido) o a un filete ruso y hasta un sándwich club de pringá que se presentan tentadores. Mucha denominación patria en el expositor, con especial representatividad de vinos madrileños, de Valle del Jarama o garnachas del entorno de Gredos.

Restaurante Gran Clavel

Imagen superior: el bar de vinos del restaurante Gran Clavel

Pregunten por el menú guiso+queso+vino.

Restaurante Gran Clavel

Imagen superior: menú del bar de vinos del restaurante Gran Clavel

Casa de comidas. Por fin, el restaurante, con entrada directa desde la calle Caballero de Gracia. El recetario tradicional de Madrid sigue siendo leitmotiv en un comedor luminoso, con espejos redondeados, columnas y paredes verdeaguas, tapicerías y lámparas sesenteras y claveles reventones en cada mesa.

Restaurante Gran Clavel

Imagen superior: casa de comidas del restaurante Gran Clavel

El chef Rafael Cordón imprime a esta propuesta el punch castizo necesario sin que deba dejar de cuadrar en un hotel de categoría. Algo así como lo que se hace en Media Ración, el restaurante independiente pero dentro del hotel Urso. En Gran Clavel se comienza con pavías de bacalao o una ensaladilla rusa crujiente (con regañás infladas y rellenas). Se pasa por un conejo y verduras en escabeche (que no falten ahora que están de moda otra vez) o por unos puerros a la brasa con bechamel y chantarellas. Se puede ir más al recuerdo: crema castellana o cocktail de langostinos con salsa rosa tradicional. Se termina con una menestra de verduras con velo ibérico, unas mollejas con caldo de capón, unas chuletitas de cordero o una raya a la brasa con salmorejo picante.

Restaurante Gran Clavel

Imagen superior: detalle del plato de puerros del restaurante Gran Clavel

Como especialidades: arroz de paloma torcaz, besugo a la madrileña, steak tartar y callos con garbanzos. Una vez a la semana, cocido de tres vuelcos. ¡Que no se diga! Y quien pueda, que se atreva con el postre de chocolate, tan denso e intenso que obliga a ser compartido. El resto, más sencillo: fresas con nata, cuajada con miel, flan de huevo y café irlandés. Clásicos básicos. Esencia de este Gran Clavel.

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Gran Clavel
Calle Gran Vía, 11, esquina calle Clavel, Madrid
Tel. 915 24 23 05
granclavelmadrid.com

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