Restaurante Oceanika

Empezar por el café y acabar con el sushi a los postres. No es la última trasgresión de Andoni Luis Aduriz, por aquí no pasan inspectores de Guía Michelin. Entre los madrileños barrios de El Viso y Prosperidad, hay que adentrarse en tierra de nadie para asistir al chou que propone el Restaurante Oceanika. Salimos del confesionario: a este restaurante conviene acudir desprejuiciado. Mente limpia y que empiece el festival de “efectos transmutadores”.

Restaurante Oceanika: cocina fusión con poder transmutador

Imagen superior: vista de la barra y decoración del restaurante Oceanika

Restaurante Oceanika

Imagen superior: Carlos Pérez prepara un Bloody Mary acapulqueño

El antes. Hace un par de años, la fusión era el dominio de La Panamericana, popular referente de la comunión entre las cocinas de Asia y las Américas con embajada en Madrid. Cerró La Panamericana (se puede morir de éxito) y aunque muchos quisieron replicar aquel modelo, sus fans se sintieron huérfanos: la gracia se tiene o no se tiene. Hoy hemos visto muchas cosas, hemos comido de todo y nos hemos empachado de tanta fusión. Por eso, si a estas alturas nos hablan de trampantojos y de cocina ilusionista, mucho nos han de convencer para doblegar la sensación de pereza. Pues ¡equilicuá!

Restaurante Oceanika

Imagen superior: vista de la sala principal del restaurante Oceanika

El ahora. Segundas oportunidades a veces sí son buenas. Que el antiguo camarero de aquel original proyecto, Carlos Pérez, convenciera a la también antigua empleada Filo Grudeski de regresar al lugar de los hechos para, tras dar unos cuantos tumbos, recuperar el espíritu perdido y hacerlo renacer en forma de Oceanika tiene mucho mérito. Él peruano, ella brasileña, se atrevieron a adentrarse de nuevo en la jungla y hacer guerra de guerrillas con su propio negocio, un local discreto y sin aparentes pretensiones que, sin embargo, convence con generosa artillería de imaginación y surrealismo gastronómico.

El café del restaurante Oceanika

Imagen superior: Cardito Express, en cafetera desestructuradora

Parte del qué. Este sencillo restaurante de barrio, decorado con palés y macetas, se nutre de una clientela de oficina cuya jornada cobra otro sentido después de un menú diario (también menú degustación y a la carta) radicalmente diferente.

Platos del restaurante Oceanika

Imagen superior: churros con chocolate y cucuruchos de cochinita y ají de gallina

El resto del qué. Carlos sigue arrebatador y recibe a los comensales entonando un discurso que de entrada plantea hacerlo todo mal y, sobre todo, al revés. En Oceanika nada es lo que parece y por eso empezamos con una cafetera italiana, en realidad desestructuradora, que esconde un Cardito Express que templa la bienvenida. Este hit de La Panamericana no es sino un caldo de pescado y marisco filtrado con verduras que termina con la pesca de mejillones y gambas.

Restaurante Oceanika

Imagen superior: preparación del Bloody Mary del restaurante Oceanika

Después del café, el pase de magia continúa con chocolate con churros, en este caso de maíz y rellenos de queso para mojar en un espeso mejunje de frijoles. Imprescindible es darse al Bloody Mary, un punto de inflexión en el que Carlos se luce en su perorata de maestro de ceremonias. El kit con el que el cóctel se prepara in situ parece contar con lo imprescindible salvo por el majado de tomate natural que llega ya incorporado en la coctelera y que lo convierte en diferencial (nada de zumo de bote) y por otro secreto que hace que el Bloody Mary sea “acapulqueño con efectos transmutadores”: al volcar el shaker del todo, el cóctel finaliza en un cóctel de gambas, un salpicón de marisco en copa daiquiri. Aplausos.

Restaurante Oceanika

Imagen superior: el Bloody Mary en primer plano, un salpicón de marisco en copa daiquiri

Sin haber probado ni el lomo saltado ni la pasta china al wok, sus otras especialidades, sí descubrimos los trucos del temaki a la mexicana, una hoja de lechuga que envuelve pequeños dados de cazón rebozado en harina de garbanzo, y del cucurucho de cochinita, por seguir con sabores de México y las manos bien pringadas.

Restaurante Oceanika

Imagen superior: Sushi, sweet sushi y dulces hostias, los postres del restaurante Oceanika

El factor sorpresa no decae en el fin de fiesta. Un plato que simula un disco de vinilo quiere ser guiño de los pases giratorios de algunos restaurantes japoneses. Lo primero es mojar la lengua en sal para preparar el bocado. El falso nigiri que compone el Sushi, sweet sushi está hecho de arroz con leche, dulce de guayaba y regaliz. En lugar de soja, la pieza se puede rebozar en compota de jalapeño. Una delicia salada, dulce y picante que finaliza en el regusto semiseco de un palo cortado. ¡Un postre de 5 euros! De nuevo, bravo. Por si fuera poco, el paso por Oceanika no termina sin haber recibido un buen par de hostias. Más dulces de lo normal al ser obleas rellenas de dulce de leche. No queda sino rendirse a esta divertida experiencia. Que los paladares más resabiados reconozcan que con sentido del humor se come mejor. Como si fuéramos niños en una sesión de magia potagia.

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Oceanika Restaurante Fusion Bar
Calle Antonio Pérez, 26, Madrid
Tel. 91 562 66 60
oceanikafusionbarmadrid.es

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